Cuando una botella deja de ser simplemente una botella de vino
Hoy tenemos la posibilidad de comprar vinos de más regiones y de más productores que nunca. Tenemos también más información, más acceso y más opciones para elegir qué poner en nuestra copa.
Pero ¿no será que tanta abundancia nos ha hecho perder algo? La capacidad de detenernos y prestar atención.
Pero, ¿atención a qué?
A que no se trata de beber más. Se trata de beber menos, pero mejor.
Porque existe la idea equivocada de que consumir vino equivale a vivir una experiencia con vino.
Abrir una botella porque está de adorno en casa. Hacerlo porque es viernes. Comprarla por su precio o marca sin preguntarnos demasiado qué estamos buscando... nos lleva a cuestionarnos, ¿estamos disfrutando realmente el vino o simplemente lo estamos consumiendo? ¿Cuándo el beber se convirtió en consumir?
Quizá beber mejor comienza mucho antes de descorchar la botella. Comienza al elegirla.
Una botella de vino abierta puede estar asociada a cualquier situación que conlleva algún sentimiento especial para quien la va a consumir: una conversación, una celebración, una persona…
“Beber buen vino con buena comida en buena compañía es uno de los placeres más civilizados de la vida”.
MW Michael Broadbent
Esto nos lleva a concluir que una botella de vino no tiene que ser extraordinaria para convertirse en memorable. Tiene que haber una razón para abrirla.
Y el mejor vino para “esa” ocasión es el vino mejor elegido. Es el vino que responde a la pregunta: ¿por qué elegiste ese vino? Quizás porque acompañaba perfectamente la comida. Quizás porque querías probar una variedad desconocida. Quizás porque te recordó un lugar o a alguien especial.
El valor de esa botella no está solamente en su precio ni en su contenido, sino también en lo que motivó su elección. Y la experiencia no termina en la botella.
Cuando conocemos algo más sobre el vino que hemos elegido, también cambia lo que hay dentro de la copa. Cuando conocemos algo más sobre una etiqueta, dejamos de verla como una bebida genérica. Pasamos de “un Malbec” a “un Malbec elaborado por tal productor, en tal lugar, bajo determinadas decisiones”.
Y esa información cambia nuestra percepción.
Esa es la razón por la cual en Cepas Nobles nos importa encontrar pequeñas bodegas, producciones limitadas y vinos donde existe una intención detrás de la botella.
¿Y si el verdadero lujo fuera tener tiempo?
El lujo suele asociarse con precio, exclusividad, escasez, marca.
Pero hay otro tipo de lujo. Quizá el más difícil de conseguir para el ser humano moderno: tener tiempo para prestar atención. Sentarse. Servir una copa. No mirar el celular. Conversar. Oler. Probar. Volver a probar.
No porque tengamos que convertir cada copa en una ceremonia, sino porque el vino también merece nuestra atención.
Y entonces entendemos que beber menos no significa disfrutar menos.
Menos cantidad puede significar más atención. Menos frecuencia puede significar más expectativa. Menos botellas abiertas pueden significar mejores elecciones. Menos consumo puede significar más disfrute.
La botella que vale la pena abrir
Quizá beber mejor no consiste en encontrar siempre el vino perfecto. Quizás consiste simplemente en dejar de abrir una botella por costumbre. Esperar. Elegir. Compartir. Y cuando finalmente llegue el momento, prestar atención.
Si vamos a beber vino, hagamos que valga la pena abrir la botella.
Entre Copas y Letras
Escrito por Sandro Velarde, Fundador de Cepas Nobles.
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