Cerro del Toro: Atlántico, piedra y precisión costera.
Cerro del Toro nace en las laderas de Piriápolis, en una de las zonas más particulares y menos previsibles del vino uruguayo.
La cercanía al océano, los vientos permanentes y los suelos pedregosos construyen vinos de perfil tenso, fresco y profundamente marcado por la influencia atlántica.
Aquí no se busca exuberancia ni sobre madurez. Se busca precisión.
Cada etiqueta expresa una relación directa entre clima, salinidad y textura, dando lugar a vinos definidos por energía, frescura lineal y una identidad costera poco habitual en Sudamérica.
Una viticultura donde el entorno no actúa como paisaje, sino como estructura del vino.