Sobre este vino
La memoria del océano en la piedra.
Dentro de la línea Singular, este Chardonnay es un viaje en el tiempo. Proviene de un sector del Cerro del Toro donde el suelo guarda el secreto de lo que fue: un antiguo lecho marino. Aquí, las raíces no solo buscan agua, sino que atraviesan sedimentos de Acritarcas —pequeños organismos fósiles— que confieren al vino una identidad mineral única y perturbadora.
Es un blanco de mínima intervención y máxima geología. Fermentado con levaduras nativas, el vino equilibra la estructura del roble francés con la tensión eléctrica de una parcela orientada al sureste, recibiendo de frente el impacto del Atlántico.
No es solo un Chardonnay de costa; es la expresión líquida de un accidente geológico de cientos de millones de años. Un vino complejo, salino y vibrante, nacido para quienes buscan en la copa algo más que fruta: buscan el origen.